Hace ya varios años, más de diez, yo trabajaba como reportero en una revista de información política que se escoraba por los derroteros de Ferraz. Esa revista recibía cada lunes importantes puntapiés y desprecios por parte de un comunicador radiofónico cuya deriva le hacía navegar por las aguas de la derecha más insistente. "Galpolancofelipistas" era uno de los ingeniosos (y poliédricos) calificativos que recibíamos cada lunes cuando este profesional recibía la revista en su emisora.
Una tarde, una señora, a la que yo tan solo conocía de vista, se me acercó propinándome un empujón al grito de "tú eres un galpolancofelipista y un hijoputa". La energúmena intentó golpearme repetidas veces, pero estaba demasiado exaltada como para atinar.
De que esta señora estuviera como una chota no se podía hacer responsable en absoluto el profesional que acuñó el neologismo. Esta señora era agresiva intrínseca, esencial. La causa externa era tan solo una excusa. Mi repugnancia a las palomas urbanas o mi gusto por el solomillo de buey también le hubieran bastado para sacudirme a placer. Era una chiflada agresiva
Con todo esto, quiero decir que el tipo que agredió a Hermann Terstch es, con toda probabilidad, un tarado que le sacudió brutalmente porque sí; no porque le inspirara un vídeo emitido por el programa 'El Intermedio' de La Sexta; un loco, como los muchos que hay trufando la noche de la cada vez más peligrosa ciudad de Madrid.
Otra discusión muy distinta es considerar que el vídeo del programa de Wyoming sea oportuno o no, sea divertido o no.
Hermann, ponte bueno pronto... de corazón.
jueves 10 de diciembre de 2009
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