viernes 4 de noviembre de 2011

Febrero de 2012

Gonzalo estaba convencido de que todo había pasado ya. Los líderes europeos acababan de acordar el rescate de Grecia a costa del estado de bienestar de aquel país; las tasas de paro parecían haber tocado techo y pronto volverían a un nivel soportable;  los bancos, tras las sucesivas inyecciones de dinero público, habían recuperado liquidez y empezarían pronto a dar crédito; el resultado electoral auguraba un cambio en la política económica y un nuevo impulso a la confianza de los mercados en España.

Reconfortado, Gonzalo sonrió, se ajustó el gorro de lana hasta casi taparse los ojos, se echó al suelo y se cubrió con su fiel compañera, la manta raída. Al frío raso de aquel Madrid de finales el mes de febrero de 2012, Gonzalo quedó dormido y soñó con los días felices en que era ejecutivo de cuentas en aquella multinacional que dejó tirados a miles de trabajadores en todo el mundo.